domingo, 18 de febrero de 2018

LA 2ª MEJOR PELÍCULA VISTA EN 2017


En esta intro de la que ya se ve como penúltima entrada sobre lo mejor que se vio el año pasado, la cosa va de años o de añadas. Desde el blog anterior d´El Cinéfilo Ignorante, se conoce qu´,entre sus gustos no suelen figurar muestras de lo que se llama cine clásico.

No volveremos a decir qu´ese tipo de cine casi constituye un género en sí mismo con sus guiones más bien previsibles, sus interpretaciones sobreactuadas y sus tics de moral machista y patriotera. Sí; esto se llama generalizar, dar rienda suelta a los prejuicios y querer parecer un moderno.

Tampoco es el momento de meterse ahora en camisa de once varas, sino el de constatar que, entre las 100, la más antigua viene de 1980. La siguiente en el tiempo fue realizada en 1996 y, después, aparece la década de los 2000 con sus 6 representantes destacando 2003 y 2007 con dos títulos cada uno.

En cuanto a la década en que ahora nos encontramos, el número de películas de cada año es como sigue:
2012 . . . . . Una peli
2013 . . . . . 4 películas
2015 . . . . . 9 ídem.
2016 . . . . 49 (O sea: ganador con el 49%)
2017 . . . . 26 pelis.

La medalla de plata es para una obra mayor de... 2016 y es que fue la primera película que vio El Cinéfilo Ignorante el año pasado, en concreto, el 7 d´enero.



2. FRANTZ  (François Ozon, 2016)

Qué bien ha aguantado, pues, los 365 días esta Obra Maestra y qué dificilísimo es hablar sobre ella sin caer ni en el panegírico absoluto ni en la sucesión disimulada de spoilers de los que usan y abusan videoblogs y programas de televisión sobre películas. En una palabra: hablar sobre Frantz no es nada fácil.

Desde un punto de vista objetivo, diremos que, según dicen, se trata de un remake de una antigualla de 1932 nada menos y aña-diremos que, desde hace tiempo, el estreno de cualquier cosa salida de los tejemanejes del señor François Ozon causa conmoción entre el público cultureta cinematográfico.

Poniéndose algo menos ignorante de lo habitual, afirma El Cinéfilo Ídem que le ha gustado todo lo que ha hecho este director excepto una bizarrez llamada Sitcom (1998) y una chaladura realizada y vista, precisamente, en el año analizado y que ocupa el número 85 de las Célebres Cien.

Intentando no spoilear en absoluto y partiendo del sugestivo cartel, se trata, en efecto, de una cinta en blanco y negro aunque... Sí; la idea será reflejar fielmente los años 40 del siglo pasado y, de paso, darle la oportunidad a una fotografía impresionante (Ya se sabe qu´eso se dice de películas aburridas cuando uno quiere quedar bien, pero aquí es que, realmente, deja patidifuso), una fotografía, digo, que permite contemplar con sumo placer rostros sacados de una suerte de hipperrealidad, en los que destacan algunos ojos de lo más hermosísimo.

Y, recuperando apuntes tomados a poco de haberse deleitado con la preciosista película que es Frantz, se la puede acusar de tristona hasta el punto de haberle asignado, por desdramatizar, el subtítulo de L´alegría de la huerta pues no es posible encontrar en ella ni un momento mediohumorístico y ni siquiera de l´alegría de vivir que inspira a no pocas películas francesas.

Cuando se habla de que no hay accesos de humor, nos abocamos, sin rodeos, a una historia que rebosa de sentimientos, los derivados de un deseo general de agradar a la gente querida sin que esta responda como se requiere. ¿Así es la vida? No, no, tan tristona no puede ser, al menos, la nuestra. Pensándolo bien, en los años de una guerra mundial, hay bastantes posibilidades de que la vida de mucha, demasiada gente se pueda definir como de amargura continua.

Lo que más gusta de Frantz, si es que hay que ponerse en tal aprieto pues, para contar sus virtudes hacen falta muchos dedos, es su forma de reproducir una costumbre tan humana como es mentir. Conocido es que la práctica de la mentira, piadosa o cruel, es costumbre generalizada entre las personas, dotadas de raciocinio suficiente como para fabricar frases que faltan a la verdad incluso para agradar a sus congéneres. En esta joya del drama, abundan, sobre todo, las piadosas, esas mismas que hacen que, no pocas veces, la jugada salga bastante mal.

Dejemos bien claro que no estamos, en absoluto, ante una película lacrimógena. Muy al contrario, el espectador se alegra con la no desgracia de los personajes o con la perspectiva de que, a raíz de cierto hecho o de, siquiera, una mirada, la vida de aquellos va a recibir la merecida recompensa. Pero... no.

Para terminar, reconozcamos que Frantz puede verse como una película clásica, ordenada, nada vanguardista y hasta con buenos y malos. No obstante, es tan, tan, tan bella que alcanza la perfección.