miércoles, 27 de febrero de 2019

LAS 50 PELÍCULAS MÁS GUSTADAS DE 2018 (V) . . . . De la 6ª a la 13ª

Se nos han pasado los Premios de l´Academia, sorprendentemente, más fastuosos pero tal vez más erráticos que la lista d´El Cinéfilo Ignorante, y eso que ya pasaron los tiempos radicales en que un Óscar casi equivalía a película que había qu´evitar.

No; ya se ha alcanzado Una Edad y no está uno para radicalismos demasiado visibles, al menos, en el campo artístico. Eso no quita proseguir y, ya de paso, terminar la enumeración cronológica de Las Películas Más Plasta de 2018, a saber:


YEAR OF THE MONKEY (Vladimir Blazevski, 2018)

ATILA (Bernard Laze, 2017)

MIEDO (Iván Boutazakht, 2018)

LINA (Dominique Barniaud, 2018)

UNO (Javier Marco, 2018)

SOBRE RUEDAS (Franck Dubosc, 2018)


Echamos mano de La Madurez para continuar con Grandes Películas del año pasado. Son media docena más:


12. CALL ME BY YOUR NAME
(Luca Guadagnino 2017)
 
https://www.youtube.com/watch?v=gzEyLe5gqFA

Un par de advertencias para quienes no han visto esta delicia: primero, que, esta vez más que nunca, eviten leer o ver críticas de la peli pues, casi inevitablemente, estas se apresuran a cometer el craso error de calificar relaciones personales; y, segundo, no sean tontos; quiérese decir: está hecha para público medianamente exigente y no para aquellos con los que no se puede hablar de la guerra de Siria. Tampoco hay que convertirse en un intelectual romántico o en un sesudo comentarista de cine, no: tan sólo hay qu´estar abierto a sentir. En efecto: se trata de una obra de sentimientos que cumple su cometido con creces: las vivencias íntimas van aflorando poco a poco de tal manera que se vive con gusto sentirse manipulado por el guion; se recrea con una nostalgia tácita una época en la que el momento del desayuno y muchos otros se aprovechaban para conversar y no para estar mirando cada uno su correspondiente aparato diábolico; afortunadamente, las definiciones que limitan los amores brillan por su ausencia, y, por último, el despertar, digamos, que ya es mucho decir, sexual se refleja de manera impecable, y qué mejor época que la de los calores y qué mejor escenario que una gran casa campestre en una Italia de aromas y de indolencia para situar una historia única con la que, sin embargo, muchos espectadores, admirados, se pueden identificar. Ah, y la variedad lingüística que dificulta categorizar a Call Me By Your Name como obra italiana, inglesa o americana. Bueno: dejémoslo en Europea.

11. EL VIAJE DE NISHA (Iram Haq, 2017)

Permítanle al Cinéfilo Ignorante que, por una vez en la vida, desvele (No había intención de juego de palabras, no) que, literalmente, el lugar de partida y el de llegada corresponden a dos mundos tan opuestos como Noruega y Pakistán. Entre ambas sociedades se desarrolla un recorrido que es para volverse locos. O, mejor dicho, loca pues la forma de ser de una chica se ve afectada hasta la raíz por las concepciones vitales de esas dos formas de pensar. ¿El resultado? Una profunda reflexión sobre la vigencia del machismo así como de la lucha que la propia Nisha quizá no sepa que es feminista. Sirve, pues, como documento didáctico, antropológico, filosófico y más adjetivos esdrújulos que no acertarán a acotar las dimensiones d´esta dramática historia, la cual tampoco se queda en el género que se le supone pues pasa con facilidad al campo del thriller. Es una película en la que son creíbles y casi imprescindibles Los Malos y en la que también nos hace falta que haya Buenos. Ambos cumplen su función al milímetro, pero llegan a sorprendernos tal vez porque no esperamos que los primeros sean tan inconscientemente malvados ni los segundos tan inocentemente bondadosos. En medio intenta sobrevivir Nisha, que se hace tan íntimamente nuestra que nos obliga a sufrir, llorar y a anhelar un desenlace más o menos feliz, o sea: lleno de libertad. Con ella se aprende, sí, y también se viaja por paisajes que en ningún momento les van a parecer monótonos.

10. ALMA MÁTER (Philippe Van Leeuw, 2017)


¿Qué tendrá un país pequeñito como el Reino de los Belgas para producir grandísimos largometrajes? A la chita callando, sí, porque pocos son los que tenemos la suerte d´enterarnos de que de allí viene todo género (je je) de obras cinematográficas de enorme calibre. Este año pasado tampoco supone una excepción. Aquí, el director Van Leeuw se muda nada menos que a Siria y allá escenifica una historia lamentablemente real; vamos: que, si no ha ocurrido tal cual, sí habrá vidas muy parecidas a lo que se cuenta en Alma Mater. En principio, la película impacta quizá por los vivos rostros y por los terribles sucesos que en ella aparecen; a continuación, casi se pueden olvidar en nuestro ajetreo diario, pero, después, pasando y repasando tráilers de las más de 100 películas que El Cinéfilo Ignorante ha visto en salas de cine durante 2018, surgen con inusitado ímpetu las imágenes de la familia damasquina que protagoniza la película que nos ocupa. Da pena decir que son muchas, muchísimas versiones de angustia las que se observan en los, a la postre, inolvidables rostros d´esta maravilla, pero es que es así. Que nos digan menos nombres de ciudades conquistadas, perdidas y vueltas a conquistar. Es mejor que nos ilustren con películas como esta poniéndonos en la piel de la desesperanza ante las privaciones diarias y el desconocimiento del origen de las proyectiles que sobrevuelan las cabezas de los protagonistas.


9. EL ÁNGEL (Luis Ortega, 2018)

Admitamos qu´el cartel ayuda sobremanera a destacar el valor que más se ha identificado con El Ángel, que no es sino el de La Estética. En primer lugar y mirando al, sin duda, atractivo muchacho de la imagen, se trata de un menor encantado de haberse conocido, cuidadoso con su higiene o, dicho de otra manera, con su apariencia personal. Ahí ven ustedes el revólver de turno, los trabajos del entonces glamuroso hábito de fumar y de, pase lo que pase y se haga lo que se haga, mantener el cigarrillo entre los carnosos labios. En efecto: estamos hablando de la esencia de lo cool, muy años setenta, pero de lo más moderno, y a ello contribuye la banda sonora que enmarca el mundo, a la vez, desafiante y colorido del post-hippismo. Ponte en una Argentina que todavía cree vivir una época dorada y ya tienes los ingredientes ideales para convertirse en ladrón sin que nadie sospeche nada. Aún hay más: tan luminoso es el escenario de iniciarse en el mundo de la ilegalidad que, de verdad, dan ganas de hacerse delincuente mientras se ve esta película o, para mayor exactitud, imitar la estudiada despreocupación que despide l´actitud del famoso Ángel. ¿Famoso? Pues sí: que, después de quedar impactado con este psicothriller vintage, corre uno a las enciclopedias ávido de curiosidad por saber cómo actuaba el otrora conocido como Carlos Robledo Puch, hijo de Cecilia Roth. Perdón: de Aurora Robledo Puch. Basado en hechos reales, que se dice.

8. NADIE NOS MIRA (Julia Solomonoff, 2017)

Relegada, no especialmente elegida por la crítica como uno de los mejores títulos del año, se presenta arrolladora por esta especie de blog esta maravilla de la concisión llamada Nadie nos mira. Es fácil evitar con ella los calificativos inmediatos o atribuirle nombres ligados a las relaciones sentimentales que se ven aquí, y también resulta sencillo quedarse perplejo de tal manera que, haciéndole caso a los comentarios de espectadores recién imbuidos del claustrofóbico relato, llega a uno a pensar que el exceso de realismo de la película supera a la propia realidad. Dicho de otra forma y como, en efecto, afirmaba alguien: ''La vida no es tan realista como esta película". Divagaciones aparte, no se pueden esperar sino cosas buenas si se empieza por un señor de mediana edad que, sirviéndose de un hijo entre los brazos, aprovecha para sustraer productos de primera necesidad de los estantes de un supermercado. Además, el sujeto es un actor argentino que se busca la vida en el laberinto de la ciudad de Nueva York. Ya hemos contado demasiado, pero es que se pretende elogiar el prometedor punto de partida. Después, vienen sucesos y más desventuras que aventuras. En suma, una oda al desencanto. Ha quedado más poético de lo que es tanto la vida como este filme que tan fielmente la refleja. 

7. HOME (Daniel Mulloy, 2016)

También inesperadamente surgió de las cenizas este cortometraje de los muchos que, a lo largo de 2018, se ha zampado el Cinéfilo Ignorante en salas de cine. Fue el Centro de Arte Contemporáneo de Málaga ó CAC quien brindó la magnífica oportunidad de conocer los cortos merecedores de los Premios de l´Academia de Cine Británica y no se les ocurre otra cosa a los programadores que proyectar este casi mediometraje de 20 minutos en último lugar a continuación de una serie de brillantes obritas. Así consigue Home impactar todavía con más fuerza. Ahora bien: está condensado de tal modo que no, qu´es imposible adelantar nada. Sólo diremos que es un relato hacia atrás y que trata de la crisis de refugiados en Europa Occidental. Partan d´ese punto y esa componenda e imaginen el correspondiente mejunje a ver si llega a l´altura de esta historia a la par inimitable y arriesgada. O mejor: como dice un crítico sobre esta obra, Heartbreaking. Con Home, ese vocablo no encuentra traducción posible en español.


6. UNA RAZÓN BRILLANTE (Yvan Attal, 2017)

Vista dos veces en su integridad a lo largo de 2018, Una razón brillante o, en su más acertado título original, Brio gana más puntos en el segundo visionado. Ahora bien: ya en el primero impacta, como pocos, su inicio: la fuerza de la hipótetica sabiduría encuentra su escenario perfecto en los magnos salones de una facultad parisina de enormes dimensiones. Después, viene la sucesión de hechos, personajes y conversaciones que revelan una dicotomía constante: viejo y joven, rico y pobre, experto y novata, céntrico y del extrarradio, desengañado e ilusionada, francés de pura cepa y segunda generación. Es decir: parejas de contrarios que realzan la historia y enganchan a cualquier persona interesada en la lucha por no sólo triunfar sino, igualmente, salir lo menos trasquilado en el intento. Se merece todos estos rodeos esta película lo mismo que se merece el pedazo de actor que, una vez más, demuestra ser Daniel Auteil, omnipresente en el cine galo. Si se valora lo emocionante o, dicho con el adjetivo del que más se abusa para presentar películas parafraseando palabras de una crítica, Lo Conmovedor, ninguna de la cosecha del año pasado supera a Una Razón Brillante. Conclusión: que ustedes la lloren bien.