lunes, 8 de marzo de 2021

LAS PELÍCULAS MÁS GUSTADAS DE 2020 (y IX): · · · La nº 1 ... y las más gustadas de África.

Ha llegado el momento final justo al día siguiente de la Gala de los XXXV Premios Goya, a, más o menos, una semana de la entrega de los César franceses y con tiempo de sobra para que, antes de los Oscars, sepan en Hollywood de los resultados definitivos de ElBlogoCine sobre las películas vistas el año pasado.

Pero, antes y siguiendo la costumbre de esta edición, se recoge una lista de obras de cierta nacionalidad o zona geográfica. En esta última entrada, tiene cabida, con todo merecimiento, la lista de películas africanas que más nos han hecho disfrutar en 2020.

Hay que decir que, igual que ocurre con otros grupos de 10 ó de 12 títulos aquí publicados, las últimas de la selección pueden ser flojillas: están porque se vieron con agrado aunque procuraran mucho menos placer y gustito que las que ocupan los puestos más altos.

También conviene aclarar o, más bien, reconocer que, al hacer públicas las listas que, como la que sigue, se revela el nombre de alguna peli que no ha sido recogida anteriormente entre las mejores del año, como van a ver ustedes a continuación. Valga este comentario para realzar el poder emergente de África en todo su talento y también en toda su diversidad:

 ·1. ADAM (Maryam Touzani, 2020) - Marruecos
 ·2. KINDIL (Damian Ounouri, 2016) - Argelia
 ·3. RAFIKI (Wanuri Kahiu, 2018) - Kenia
 ·4. ICYASHA (Marie-Clementine Dusabejambo, 2018) - Ruanda
 ·5. PUMZI (Wanuri Kahiu, 2009) - Sudáfrica
 ·6. PAPICHA. SUEÑOS DE LIBERTAD (Mounia Meddour, 2019) - Argelia
 ·7. I AM SHERIFF (Teboho Edkins, 2018) - Lesotho
 ·8. UNE PLACE DANS L´AVION (Khadidiatou Sow, 2016) - Senegal
 ·9. ANDALOUSIE, MON AMOUR ! (Mohamed Nadif, 2012) - Marruecos
10. TILAÏ (Idrissa Ouedaogo, 1990) - Burkina Faso

He aquí ya la película vista en 2
020 que más alegría y todo tipo de emociones exultantes le ha procurado al Cinéfilo Ignorante:

1. ADAM (Maryam Touzani, 2020) 
https://www.youtube.com/watch?v=KGRJgi79x18



¡Shhh! Empezamos con un secreto, del cual no deben enterarse nada más que los muy allegados: las películas que copan los primeros puestos de la lista de Los 50 suelen haberse visto a principios de año. Tal vez se idealicen, se incrusten en la mente y en los sentimientos del espectador, se interioricen de tal manera que permanece el recuerdo incubado de esa visualización ya antigua, o se impongan a las que vienen después porque estas se suponen fruto de una emoción pasajera.

Sin embargo, este no es el caso de la que se lleva, este año, la medalla de oro pues fue vista en un oscuro día del pasado mes de diciembre, con las salas recién abiertas una vez terminó el segundo período en qu´estuvieron cerradas a cal y canto. Dicho lo cual, es pertinente anotar que se ha estado muy a punto de otorgarle el número 1 a la que, a la postre, ha quedado justamente detrás y que contaba con todas las virtudes y parabienes para llevarse el máximo puesto.

¿Entonces? Entonces, este o ese año 2020 no ha sido, como todo el mundo sabe, un año más. Chirriaría un mucho que la medalla de oro fuera a parar a una amable comedia por muy exquisita que fuese. 2020 ha sido o fue una añada pobre y limitada aunque
, como todo, la encerrona también tuviera sus aspectos positivos.

Casa mejor optar por una película con una historia, en gran parte, penumbrosa aunque, sin duda ilusionante, y con una forma de hacer cine que se enmarca en el género dramático si bien incluye momentos alegres que no llegan, por fortuna, a la carcajada y que le sacan unas sonrisillas al espectador.

Una película, pues, mínima, sin importancia, de esas que no figurará entre Las Mejores Del Año ni, ciertamente, entre las más taquilleras, y que rompen la costumbre d´El Cinéfilo Ignorante de otorgarle el número 1 a cintas dinámicas, explosivas, habladoras, incluso estridentes. ¿He dicho habladoras? Sí: con diálogos, que es lo que, también por suerte, escasea en Adam. En ella, los silencios expresan bastante más que las crípticas conversaciones que los jalonan; los ojos y las miradas también nos dicen mucho, y las expresiones faciales cuentan más que las palabras.

A poco d´empezar esta ópera prima de la marroquí Maryam Touzani, ya se palpa que s´está viendo un Cine Superior, con todas las mayúsculas que haga falta. Se observa cómo, monumentalmente, crecen los personajes desde unas apariciones sutiles en los primeros fotogramas, los mismos que consiguen despertar la curiosidad del espectador como pocas veces, hasta los últimos minutos de metraje, en los que el aficionado o, mejor, el amante del 7º arte ya está totalmente entregado a los personajes al haberse convertido estos en personas o en grandes personas con las qu´está conviviendo.

Se da en Adam uno de las virtudes que más se busca en cualquier obra artística de carácter narrativo: que hay una historia sobre todas las demás pero que en absoluto asfixia a otros relatos secundarios o a anécdotas que, igualmente, atraen en una parcela accidental. La historia principal es la que aparece desde el principio hasta el desenlace, historia, por una parte, de abandono, desamparo, acogida, apoyo y compañerismo y, por otra, de necesidades económicas, marginación social, desarraigo familiar y afán de superación. Son caras de la misma moneda, que se concreta en las andanzas de una mujer que, ante una situación desesperante, no sabe qué hacer con su vida.

Queda bien, dicho sea de paso, que s´escriban estas líneas en la víspera del 8-M, Día de la Mujer, justamente en una atmósfera que no favorece las manifestaciones en la calle. Así que, ayudándose del compromiso con la lucha frente al machismo imperante representada por toda nuestra película, valga esta humilde reseña como muestra de adhesión a los movimientos que han hecho del 8 de Marzo un espejo de la necesaria insumisión frente a la injusticia y los prejuicios.

Esto lo deben saber también las dos protagonistas de nuestro número uno, ellas, tan solas y tan valientes, tal y como se les retrata a lo largo de poco más de hora y media. Pero también saben, porque los conocen de primera mano, que hay hombres buenos, los que quieren solidarizarse con ellas y compartir sus quehaceres. Además, uno de ellos, al que ni siquiera se le ve en toda la película, también actúa: hace que una de las protagonistas haga las cosas que hace y sienta las cosas que siente, con una vehemencia inusual. 

Así pues, hasta los ausentes o, para el público, hasta los inexistentes actúan. A la vez, le dejan espacio a manifestaciones tan humanas como la música, capaz de cambiarle las rutinas a las personas, y la cocina, de la que estas tampoco pueden prescindir y, en particular, del imssemen típicamente marroquí.

Ya asomó el nombre de Marruecos, el nombre del país donde transcurre la historia y, más concretamente, en la metrópolis de Casablanca, lugar idóneo para el anonimato. El viajero que se siente adicto a perderse por las medinas magrebíes va a poder recordar sus escenarios preferidos, y no sólo eso sino también que le va a salir un viaje prácticamente gratis a la ciudad más poblada del noroccidente africano. D´esta manera, va a saborear el aroma de sus calles y casi a extraviarse él mismo por las callejuelas que tanto añora, con lo que, viendo la película, está a punto de sacar la cámara de fotos como si estuviera, por fin, disfrutando de una escapada.

Finalmente, es preciso señalar el admirable papel que se le concede en Adam a la influencia de los sucesos del pasado y a l´angustia por el que-será-de-mí, es decir, el futuro incierto, en el que cualquiera puede verse estigmatizado, apartado, hundido por la sociedad bienpensante. Y así sucesivamente: más y más ejemplos d´excelencia se pueden tomar de la película más emocionante de las casi 150 que se han visto en un año en el que no, no era justo que ganase una comedia.

Sólo queda agradacerle a la Sra Touzani el gran trabajo realizado, sobre todo, en el impecable guion si es que hubiera que mencionar lo más destacado de esta su obra. Mejor no hablemos de la interpretación sublime del elenco interpretativo tanto en secundarios como en protagonistas, que nos referíamos a la directora, quien ya nos llamó l´atención en Razzia (Nabil Ayouch, 2017). 

¡Ah, sí! ¡El final de la película! Ya qu´estamos en las últimas líneas d´esta entrada, hagamos una pequeña mención al de la peli. En los últimos minutos de metraje, ya estaba uno mascullando sus dudas acerca de cómo se resolvería el papelón ante el que s´enfrenta la protagonista y previendo, en su arrogancia de crítico cinematográfico, una salida dudosa, sentimental o sangrienta. Nada de eso: pasa lo que tiene que pasar y, como en el resto de toda la producción, contado de manera extraordinaria.